También algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades: María, a la que llamaban Magdalena y de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cuza, el administrador de Herodes; Susana y muchas más que los ayudaban con sus propios recursos. Lucas 8:2-3
A veces servir a Dios nos pesa. Participar en las actividades de la iglesia, dar de nuestros bienes o ayudar a otros puede convertirse en una carga. Pero también podemos caer en el extremo contrario: servir buscando reconocimiento, liderazgo, influencia o prestigio. En ambos casos, el problema no está solamente en lo que hacemos, sino en desde dónde lo hacemos.
Lucas nos presenta a unas mujeres que acompañaban a Jesús y que servían con sus propios bienes. Ellas habían experimentado su gracia y respondían a lo que Cristo había hecho en sus vidas. No servían para comprar el favor de Jesús; servían porque habían recibido de Él. Esa diferencia cambia completamente nuestra manera de entender el servicio.
El Evangelio nos invita hoy a revisar nuestro corazón: ¿sirvo por obligación, por costumbre, por reconocimiento o por gratitud? Cuando recordamos lo que Cristo ha hecho por nosotros, servir deja de ser una deuda que pagar y se convierte en una respuesta de amor. Hoy recuerda algo concreto que Dios ha hecho en tu vida y responde haciendo algo por alguien, sin esperar reconocimiento. La gratitud también se demuestra sirviendo.
