Sermón 1: “La salvación por la fe”, predicado por Juan Wesley en la Iglesia de Santa María (Oxford) basándose en Efesios 2:8, establece que la gracia de Dios es la fuente única de la salvación y la fe es la condición para recibirla. Dado que el ser humano se encuentra en un estado de corrupción total y no puede expiar sus pecados mediante sus propias obras o méritos, Wesley estructura su discurso en tres puntos clave:
I. Mediante qué fe somos salvos
- Diferente a la fe pagana o diabólica: No consiste en una creencia abstracta en Dios ni en la virtud moral (como la de un pagano), ni en un asentimiento frío, intelectual o especulativo de verdades bíblicas (como la fe de los demonios).
- Disposición del corazón y confianza personal: Es una fe en Cristo y en Dios a través de Él. Implica una confianza firme y una disposición del corazón en la que el creyente descansa en la vida, muerte y resurrección de Jesús, sabiendo que sus pecados personales han sido perdonados y que ha sido reconciliado con Dios.
II. La naturaleza de la salvación que resulta de esa fe
- Una salvación presente: No es solo una promesa para la eternidad, sino una experiencia real alcanzable en esta vida terrenal.
- Salvación de la culpa del pecado (Justificación): El creyente es absuelto de la condena de sus faltas pasadas mediante la expiación de Cristo. Esto lo libra del temor servil al castigo y le otorga el Espíritu de adopción para dirigirse a Dios como Padre.
- Salvación del poder del pecado (Nuevo nacimiento): Quien renace por la fe queda libre del dominio del pecado; no peca de forma habitual ni voluntaria, pues la gracia transforma su interior y lo capacita para crecer en santidad.
III. Respuesta a las objeciones principales
- ¿Fomenta el orgullo? No; destruye la jactancia porque deja en claro que tanto la fe como la salvación son dones totalmente gratuitos e inmerecidos.
- ¿Anula las buenas obras o la ley? Al contrario; es el único medio que establece la ley moral del amor y produce en la vida del creyente obras verdaderamente buenas y un temperamento santo.
- ¿Lleva a la desesperanza? Solo quita la falsa confianza en los méritos propios, para ofrecer consuelo y esperanza real a todo pecador que reconoce su necesidad.
- ¿A quién debe predicarse? A toda criatura, reconociendo que los pobres, indoctos y pecadores tienen un derecho particular a escuchar el Evangelio.
Wesley concluye que la salvación por la fe es la roca sobre la cual se edifica la verdadera religión y la única verdad capaz de detener la inmoralidad y transformar los corazones