Introducción: Un consejo que nos vuela la cabeza
Cualquiera que haya leído la Biblia con seriedad se ha topado con ese momento: un pasaje que no tiene sentido, que suena extraño o que incluso parece moralmente incorrecto. Te detienes, lo relees y te preguntas si entendiste bien. Así le ocurrió a un lector en Reddit que, tras encontrarse con un versículo en el evangelio de Lucas, expresó su desconcierto: “mi brújula moral está en shock ahora mismo”.
El versículo en cuestión es este consejo de Jesús:
“Y yo les digo: Gánense amigos con las riquezas injustas, para que, cuando éstas falten, los reciban en las moradas eternas”. (Lucas 16:9)
La reacción es comprensible. ¿Acaso Jesús está elogiando la corrupción? ¿Nos está diciendo que usemos dinero mal habido para comprar nuestro camino al cielo? La instrucción parece, a primera vista, chocar con todo lo que sabemos sobre la ética cristiana.
Esta enseñanza, conocida como la parábola del “mayordomo infiel” o el “administrador injusto”, es una de las más complejas y malentendidas de los evangelios. Sin embargo, detrás de su extraña instrucción se esconden lecciones increíblemente profundas sobre nuestra relación con el dinero, las posesiones y la eternidad. A continuación, vamos a desentrañar 4 de las conclusiones más impactantes que esta parábola tiene para nosotros.
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1. Elogia la astucia, no la corrupción.
El primer punto de confusión es el elogio que recibe el administrador. Sin embargo, el texto es muy específico sobre qué es lo que se alaba. El amo de la parábola no felicita al administrador por su deshonestidad (“derrochar sus bienes”), sino explícitamente “por la astucia con que había procedido”.
La palabra griega original para “astucia” aquí es phronimos, que se traduce mejor como sagaz, prudente o inteligente. De hecho, es la misma palabra que se utiliza para describir al hombre “prudente” (phronimos) que edifica su casa sobre la roca (Mateo 7:24) y al mayordomo “prudente” (phronimos) que administra bien la casa de su señor (Lucas 12:42). Jesús no está elogiando un vicio; está destacando una cualidad que en otros lugares presenta como una virtud. La clave está en entender el contexto: el administrador enfrentaba una crisis inminente (su despido) y, en lugar de paralizarse, actuó con decisión y una visión clara para asegurar su futuro. No se elogia su fraude, sino su sagacidad para resolver un problema urgente.
Jesús mismo extrae la moraleja en Lucas 16:8: “los hijos de este siglo son más sagaces en las relaciones con sus semejantes que los hijos de la luz”. Esta es una llamada de atención. Jesús observa que la gente del mundo es increíblemente hábil, creativa e ingeniosa para asegurar su futuro terrenal. La lección para los creyentes (“los hijos de la luz”) es aplicar esa misma diligencia, esa misma creatividad y esa misma visión de futuro, no para las cosas temporales, sino para asegurar lo que es eterno.
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2. Las “riquezas injustas” no son lo que crees.
La frase que causa el mayor “shock moral” es “riquezas injustas” (mamona tes adikias). ¿Significa esto que debemos obtener dinero de forma deshonesta para luego usarlo para el bien? La respuesta es un rotundo no. El problema está en nuestra interpretación moderna de “injustas”.
La clave es que son “injustas” por una doble razón, profundamente conectada. Primero, porque pertenecen a un sistema mundano, temporal y a menudo implicado en la injusticia. Pero más fundamentalmente, como señala la teóloga Katherine de Estrada al analizar los versículos siguientes (Lc 16:11-12), estas riquezas son “lo ajeno”. Se vuelven injustas en el momento en que las tratamos como si fueran nuestra propiedad absoluta, en lugar de recursos que pertenecen a Otro: a Dios. Disponer de ellas como si fuéramos los dueños es, en sí mismo, una injusticia.
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3. No eres el dueño, solo el administrador.
Esta parábola nos obliga a cambiar nuestra perspectiva fundamental sobre todo lo que poseemos. No somos dueños, sino mayordomos (oikonomos). En el mundo antiguo, un oikonomos era un servidor de confianza que administraba los bienes, las propiedades y los negocios de su amo. No era el propietario, pero tenía la responsabilidad de gestionar los recursos de manera sabia.
Este es el rol que Dios nos asigna. Todo lo que tenemos —nuestros ingresos, nuestra casa, nuestro auto, nuestro tiempo y nuestros talentos— no nos pertenece. Son recursos de Dios que nos han sido confiados para que los administremos en su nombre. Y al igual que el administrador de la parábola, a nosotros también se nos pedirá que rindamos cuentas de nuestra gestión. Vivir como dueños injustos es “derrochar Sus bienes”; vivir como administradores fieles es usar Sus recursos para Sus propósitos.
La teóloga Katherine de Estrada resume esta conexión de manera brillante, revelando el corazón de la enseñanza de Jesús:
“Comparando estas frases queda claro que «las riquezas injustas» son «lo ajeno». Se les llama «injustas» porque pertenecen a alguien más; disponer de ellas como propias es injusto. De esta forma, Jesús nos enseña que nosotros también somos solo administradores: mayordomos de las riquezas de Dios.” – Katherine de Estrada
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4. La verdadera elección: ¿Sirves a Dios o al Dinero (Mammón)?
Después de esta compleja enseñanza sobre la astucia y la administración, Jesús lleva todo a un clímax, a una declaración final que es tajante e imposible de ignorar. Es la conclusión a la que apunta toda la parábola.
“Ningún siervo puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y a las riquezas.” (Lucas 16:13)
La palabra original que se traduce como “riquezas” es la palabra aramea Mammón. El teólogo Xabier Pikaza explica que Mammón no es simplemente dinero. Es la riqueza absolutizada, convertida en el “ídolo supremo” de un mundo globalizado, el “capital-mercado que todo lo compra y vende”. Pikaza va más allá y describe a Mammón como el creador de una “anti-iglesia”: una comunidad global unida no por la gracia, sino por la transacción; no por la comunión, sino por el interés propio; no por la vida compartida, sino por la división entre ricos y pobres, que finalmente conduce a la muerte.
La encrucijada que Jesús nos presenta no es solo entre Dios y el dinero. Es una elección entre dos comunidades, dos iglesias: la Iglesia de Dios, fundada en la gracia y la vida compartida, o la Anti-Iglesia de Mammón, fundada en la acumulación y el egoísmo. No hay término medio. No se puede servir a ambos.
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Conclusión: ¿Qué harás tú?
Lejos de ser un consejo sobre corrupción, la parábola del administrador injusto es una llamada radical a ser astutos con una perspectiva eterna. Nos desafía a reconocer que no somos dueños de nada, sino simplemente administradores de los recursos de Dios en un mundo temporal.
La historia comienza con un administrador en crisis, preguntándose: “¿Qué voy a hacer?”. Al final de la parábola, Jesús nos plantea esa misma pregunta a nosotros. Sabemos que nuestras posesiones son temporales y que tendremos que rendir cuentas. Sabemos que todo lo que tenemos nos ha sido confiado por Dios.
Considerando que tus recursos son una herramienta para la eternidad, ¿qué harás tú con las riquezas de este mundo para ganar amigos en el cielo?