Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama. Lucas 7:47
Sentirnos superiores a los demás y ser cristianos parece una contradicción, pero muchas veces así vivimos nuestra fe. Simón invitó a Jesús a su casa, pero cuando vio a aquella mujer acercarse con lágrimas, en lugar de reconocer su propia necesidad de gracia, comenzó a juzgarla. Es fácil pensar: “Yo estoy bien. El problema son ellos.” Podemos conocer la Biblia, congregarnos y hablar de Dios, pero utilizar los errores de otros para sentirnos espiritualmente superiores.
La pregunta que este Evangelio nos plantea es incómoda: cuando descubres tus propios errores, ¿crece en ti el deseo de buscar más de Dios o inmediatamente comienzas a buscar los errores de los demás? A veces señalar al pecador nos resulta más fácil que reconocer nuestro propio pecado. Pero Jesús no le pidió a Simón que mirara más detenidamente los errores de aquella mujer; lo llevó a confrontar lo que estaba ocurriendo en su propio corazón. La gracia comienza a transformar nuestra vida cuando dejamos de utilizar las fallas de otros como una excusa para no mirar las nuestras.
Hoy haz algo concreto: antes de señalar a alguien, identifica delante de Dios una actitud tuya que necesita cambiar. Reconócela, ora por ella y decide qué paso puedes dar para comenzar a transformarla. No uses los errores de otros para sentirte mejor; permite que la gracia de Cristo te haga una persona más humilde, agradecida y capaz de mirar a los demás con misericordia.
